Pesaj, la fiesta de la Libertad. Para reflexionar y actuar.

25/Mar/2013

Prof. Esc. María Wonsiak de Haskel para CCIU

Pesaj, la fiesta de la Libertad. Para reflexionar y actuar.

A partir de la puesta del sol del día lunes 25 de marzo, -por 7 días en Israel y 8 en el resto del mundo- el pueblo judío, como anualmente lo hace desde hace 3000 años celebra Pésaj, que es la fiesta de la Libertad.El acontecimiento histórico que se conmemora es el Éxodo de los judíos que lograron, después de dos siglos de cautiverio, salir de Egipto.Pésaj recuerda el infortunio de los judíos, su sufrimiento y los incansables esfuerzos que fueron necesarios para vencer la resistencia del Faraón de Egipto para permitirles salir y las peripecias de su partida.El Éxodo se convirtió en el punto cardinal de la historia judía por haber cristalizado su identidad y marcado su nacimiento como pueblo libre.La finalidad principal de la celebración es hacer a cada judío, joven o viejo, revivir y recrear la experiencia y sufrimiento de sus antepasados para iluminar y enriquecer el presente y construir el futuro con la clara consigna de que nunca más hombres o pueblos sean esclavos.El mensaje central del Éxodo es pues la libertad del hombre, concepto que por su trascendencia es imperativo no olvidar.Así lo señala el Rabino Henry Sobel: “El concepto de la libertad es por demás importante para ser olvidado. Cada generación tiene el deber de trasmitir a sus hijos la historia y el mensaje del Éxodo. Mientras haya hombres esclavizados en alguna parte del planeta. Mientras se siga violando los derechos humanos de algunos seres, nadie puede considerarse libre. Pésaj es una motivación perpetua, un llamado al corazón y a la conciencia de la humanidad”.La meta es lograr la paz, la comprensión y la armonía entre todos los pueblos. La lucha por la libertad es cotidiana y permanente, pero en cada Pésaj se busca enfatizar su trascendencia para convocar a cada judío, incluso a los niños más pequeños -a los que se le enseña a formular cuatro preguntas tradicionales que ofician de disparadores-, a reflexionar sobre la libertad, analizar la realidad y encauzar las acciones para lograrla y  garantizarla. Es precisamente este punto en el que corresponde detenerse.Los sucesos ocurridos a lo largo de estos 3000 años y los que hoy día están ocurriendo imponen formularse muchas preguntas en torno a la libertad del hombre, de los pueblos, de la humanidad. Plantearé solo algunas, a similitud de las cuatro tradicionales preguntas que formulan los niños al inicio del Seder, o sea la cena de Pésaj. ¿Son los hombres, los pueblos, la humanidad realmente libres? La libertad básicamente se define como la facultad natural que tiene el hombre de decidir obrar de una manera o de otra, o de no obrar. Esta no es una facultad absoluta pues tiene como primer límite, la moral, las normas jurídicas y las buenas costumbres.Los Tratados Internacionales y las Constituciones consagran el derecho a la libertad como uno de los principios básicos inherentes a la persona humana.Los principios de libertad igualdad y fraternidad de la Revolución Francesa, de la Declaración Universal de los Derechos  del Hombre ¿realmente han logrado que todos los hombres y pueblos sean libres con el sólo límite de que el derecho de uno está delimitado por el derecho del otro?La declaración de los Reyes Católicos que expulsaron a los judíos de España en 1492, los genocidios armenio y gitano, el Holocausto, los atentados terroristas que suceden a lo largo y ancho del planeta y cobran año a año la vida de víctimas inocentes (11/9 en Nueva York;  11/3 en Madrid; 7/7 en Londres;  Genocidio de la población tutsi en Ruanda -1992-; de cristianos en Nigeria -2010-; musulmanes contra cristianos en Medio Oriente y masacre racial contra negros libios en Trípoli- ambas en 2012-), la esclavitud en que aún viven miles y miles de seres humanos sobre el planeta, entre una dolorosa e infinita lista de etcéteras, demuestran que no se han alcanzado los ideales consagrados en las legislaciones nacionales e internacionales.Las razones del divorcio entre las normas y los hechos y su inoperancia para garantizar la libertad, obedecen a muy profundas razones sociales, políticas, antropológicas religiosas, económicas y de muy diversa naturaleza.Entre ellas no podemos dejar de señalar por un lado, por su especial incidencia, la forma en que los actores jurídicos están aplicando las leyes con decisiones no sólo opuestas y discutidas incluso por la doctrina que también es discrepante entre sí, sino de espaldas a los más elementales principios de interpretación que dicta la ciencia jurídica. Se  distorsionan y no armonizan  los textos legales, violando sus fundamentos y acuñando no ya “dos bibliotecas” como tradicionalmente se señala sino muchas más, tantas como las necesarias para satisfacer las respectivos intereses en juego. Por otro lado, razones políticas, de poder, de intereses sectoriales entre otros, generan incluso nuevas leyes, decretos, resoluciones, dictámenes y acuerdos reñidos con los más elementales principios de la ciencia jurídica.Y todo ello aún en los casos en que están en juego los más sagrados derechos del hombre, como entre otros el de gozar de la vida y la dignidad que en esencia involucran a todos los demás.¿Cada uno de nosotros ha calibrado lo que significan los hechos antisemitas y violatorios de los derechos de los hombres que están hoy ocurriendo en países de legislación más que avanzadas como Francia (20/03/2012 – Asesinato en un colegio judío en Toulouse); Argentina (el reciente pacto de su gobierno con el de Irán sobre el caso AMIA, o el viejo slogan antisemita «Haga patria, mate un judío», que apareció en un recibo de la Oficina de Rentas de General Campos, Entre Ríos) por citar sólo dos -por ser suficientemente elocuentes- de una larga lista?A ello se suman acuerdos y apoyos de gobiernos de la región a regímenes que, entre otras, cercenan libertades de las mujeres y los niños y niegan el Holocausto.Anteponer u oponer al derecho la política y los intereses a ella subordinados, no solo es una falsa oposición sino que supone ingresar en un peligrosísimo camino cuando del derecho a la libertad se trata, pues pone en serio riesgo su existencia.Es imperioso en este terreno que gobernantes, legisladores, jueces y juristas comprendan que el respeto cabal de los principios jurídicos y las normas que las consagran son ineludibles para la legítima defensa de la libertad del hombre, hoy inexistente para unos y en grave peligro para todos. Política y Derecho no se oponen sino justamente es éste último, una de las armas más efectiva para lograrla, defenderla y garantizarla, siempre que por supuesto su aplicación se encuentre descontaminada de intereses políticos y sectoriales distorsionantes.Es claro que con este panorama, la conclusión es que los hombres, los pueblos, la humanidad no son realmente libres.Otra pregunta que cada uno debe hacerse es: ¿Qué  puedo hacer para luchar por la libertad, para impedir que vuelvan a aparecer Faraones que generen nuevos cautiverios o exterminios en masa de seres humanos y evitar que sigan ocurriendo persecuciones, muertes, genocidios y  holocaustos por ser o pensar diferentes y/o luchar por sus derechos, precisamente por su libertad?El esfuerzo, compromiso y acción de cada uno son imprescindibles para lograr dichos objetivos y evitar males mayores. El compromiso y la acción de cada ser humano no admite más demora.Y finalmente, la última pregunta ¿Los peligros que acechan la libertad del ser humano, fueron siempre y son hoy, un problema exclusivo del pueblo judío?Un análisis de la historia de la humanidad de los últimos 3000 años y de la actualidad no hace más que evidenciar que no sólo la libertad de los judíos está comprometida.Por eso en este Pésaj del año 2013 resulta particularmente necesario el mensaje que convoca a todos y cada uno de los seres humanos, y a las diferentes colectividades, a reflexionar y a actuar desde los diferentes ámbitos en que cada uno desarrolla su vida para erradicar las que persisten y prevenir nuevas esclavitudes y así lograr la real libertad y fraternidad entre todos los hombres y pueblos del planeta, sin distinción de raza, etnia, color, religión, ni circunstancia de especie alguna.